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Rica, amplia y variada es la
gastronomía leonesa, de la que podemos resaltar exquisitos platos como lo son el
típico cocido leonés, la sopa de trucha, el botillo berciano, las mantecadas de
Astorga, el queso de Valdeón, las alubias de La Bañeza, los pimientos de la
huerta de Fresno de la Vega, hasta citar los embutidos como la cecina, la
morcilla, el chorizo... etc. De dicha gastronomía también destacamos los asados
de lechazo, cochinillo y cabrito, los potajes, diferentes guisos y el queso de
oveja, sin descartar los de leche de vaca y cabra.
No obstante, y sin duda alguna,
la estrella de las costumbres de la gastronomía leonesa está en las tapas:
pequeñas degustaciones, en muchas ocasiones de verdaderas obras del arte
culinario, que son servidas de manera gratuita en bares de toda la ciudad con
vinos, mostos, cortos... Por ello, no hay costumbre más placentera para el
leonés y el visitante que ir de tapas. ‘Tapear’ por León es una de las ofertas
turísticas que más llaman la atención a quienes visitan esta ciudad. El Barrio
Húmedo, en el casco antiguo leonés, se ha convertido en el centro por excelencia
del tapeo, ya que en él se concentran decenas de bares donde se sirven las
mejores tapas de la ciudad.
Cada pueblo de la provincia de
León conserva su peculiaridad gastronómica y está avalada, al menos, por dos o
tres generaciones de tradición. Es habitual encontrar en los pueblos de esta
región alimentos de repostería y platos festivos con más de 300 años de
antigüedad, permaneciendo inalterable su presentación y la mayor parte de los
ingredientes. Es éste un rasgo que caracteriza el vigor de la cocina leonesa.
Y por fín, estos manjares se
degustan acompañados del vino de la tierra; de una tierra vinícola de gran
tradición que hoy elabora vinos de alta gama criados a lo largo del río Duero.
Estos vinos son el resultado de la impronta de las variedades genuinas lideradas
por las uvas tempranillo, verdejo, mencía y prieto picudo.
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